Estimados Hermanos:
Con alegría familiar vamos a terminar el segundo encuentro de Fraternidades Nazarenas celebrado en esta ciudad de Valladolid. Que nuestro primer sentimiento sea de acción de gracias al Señor por la acción de su Espíritu que ha querido suscitar en la Iglesia la revalorización de la vocación y misión de los laicos y les ha otorgado la posibilidad de compartir la espiritualidad de los Institutos religiosos en calidad de miembros asociados.
Esta celebración nos ha ofrecido la oportunidad de ahondar en las fuentes de la espiritualidad del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia, estrechar los lazos que nos unen e impulsar la misión que nos ha confiado la Iglesia. Recordemos este acontecimiento como un tiempo de gracia y de bendición y situémoslo en un clima de fe y de comunión fraterna. Mi deseo pues es de que podamos volver a nuestros lugares de origen llevando los mejores frutos de fraternidad cultivados en esta casa de Valladolid.
A lo largo de estos días hemos sido llamados a:
El 36 Capítulo de la congregación encomendó al Consejo General la orientación de “escribir un texto oficial sobre la espiritualidad del Instituto”, tarea que el Consejo asignó al Centro de Espiritualidad y de la que se ha responsabilizado su director, el Hermano Teodoro, desde el 2007. Un primer borrador fue estudiado y mejorado en la reunión del Consejo General con los Hermanos Provinciales, en octubre del 2008 y que aún se espera enriquecer con las aportaciones de este Segundo encuentro Internacional de Fraternidades y con las aportaciones que salgan de la próxima reunión del Consejo General con los Hermanos jóvenes, que tendrá lugar en julio del 2010. Después de todas estas aportaciones se publicará a principios del segundo trienio del mandato de este Consejo General.
Pienso, pues, que estamos en condiciones de afirmar que el carisma del Hermano Gabriel continúa vivo a lo largo en el tiempo tanto en el aspecto de la educación cristiana de la juventud, como en la catequesis y en la animación litúrgica. Si hoy volviera el H. Gabriel posiblemente le sería muy difícil entender los grandes centros educativos que el Instituto dirige en la actualidad, la nueva forma de vida de las Comunidades religiosas y hasta la nueva configuración de las Fraternidades Nazarenas pero estoy seguro que estaría enormemente satisfecho de ello. Esto nos indica que sus seguidores han sabido poner al día de forma creativa un carisma que se nos presenta dinámico en todas sus manifestaciones. Caminamos pues, en sintonía con la Iglesia y las otras Congregaciones por los senderos que nos va mostrando el Espíritu conservando siempre lo esencial de nuestra misión: la educación cristiana de la juventud, la catequesis y la animación litúrgica.
Sea cuál sea la situación donde nos encontremos, hemos sido llamados a ser fermento de la sociedad en el mundo actual, como hizo nuestro Fundador, y no podemos mirarlo desde fuera, como si no formásemos parte de él, o como si fuésemos incapaces de aportar una contribución constructiva. En medio de nuestra sociedad debemos ser signos de esperanza, porque hay un cariz optimista implícito en nuestro carisma.
También como nosotros el Hermano Gabriel, vivió en una cultura perturbadora. Podría haberse refugiado como hicieron algunos de sus contemporáneos en inútiles lamentaciones acerca de los males de su tiempo o podría haberse limitado a hacer carrera en la Iglesia como lo hicieron otros tras la Revolución Francesa. En lugar de todo eso, como hizo Jesús no se contentó simplemente con analizar la situación sino que buscó respuestas y con energía inagotable luchó por hacer algo diferente. Tenía una profunda fe en su misión, animó a otros para que se unieran a este proyecto, y fue ingenioso en el desarrollo de sus energías. No fue una víctima de la cultura de su tiempo, sino más bien un agente comprometido con su transformación según el espíritu del Evangelio. Pues bien, regresando a los apasionados propósitos que caracterizaron a nuestro Fundador lograremos la renovación, la revitalización, y la fidelidad que tanto deseamos.
Como familia reunida entorno al Señor, recordemos a quienes sienten debilidad, enfermedad, desaliento, soledad, pobreza o necesidades de cualquier tipo y sintámonos cercanos a ellos porque en lo pequeño y en lo frágil la vida se hace milagro y profecía. Estemos seguros de que pese a nuestras fragilidades el Hermano Gabriel se sentirá orgulloso de nosotros. Procuremos pues que nuestras vidas transcurran por la sencillez y espontaneidad de quienes queremos ser sencillamente Hermanos y Hermanas imitando a Jesús, María y José en el silencio de su taller.
Aceptemos con humildad los tiempos de debilidad que nos ha tocado vivir en nuestras Comunidades y Fraternidades y superemos la impresión de que la semilla de la Palabra no encuentra buena tierra ya que en momentos de dificultad, no son las quejas lo que dan aliento sino la capacidad de mirar hacia lo alto con la seguridad de que Dios nos sigue acompañando. Somos depositarios de un carisma para el bien de los demás y no podemos guardarlo debajo del celemín sino ponerlo en el candelero para que alumbre a todos los de la casa.
A lo largo de estos días nos hemos dado cuenta de que necesitamos la llave de la formación para ahondar en nuestra espiritualidad. Privilegiar este aspecto es un deber al que no podemos quedar indiferentes. Pero cuando hablamos de formación no pensemos hacer cosas extraordinarias basta, como nos invitaba el 36 Capítulo General, dejarnos educar por Dios, por su Palabra y por las relaciones con las personas para que a su vez podamos ser nosotros también educadores de humanidad.
En sucesivas ocasiones durante este Congreso hemos mirado a Nazaret porque para la Familia SA-FA, Nazaret es un modo y estilo de vida caracterizado por el Espíritu de Familia y que tiene como rasgos más distitntivos la amabilidad acogedora, la confianza mutua, la sencillez, el diálogo, la participación, la delicadeza, el perdón y la alegría.
En estas palabras conclusivas, quiero dejar constancia de la atmósfera de cordialidad y de respeto que nos ha acompañado en estas jornadas así como del trabajo participativo y de la posibilidad de diálogo abierto y sincero. Disculpad si el desarrollo del programa no ha respondido a las expectativas que traíais. Por encima de todo debemos valorar la expresión de comunión vivida y el ocio compartido entre todos nosotros. Nos alegamos que Hermanos y Hermanas de otros países hayáis podido disfrutar de este viaje y damos gracias a Dios por las personas que Él ha puesto a nuestro lado y que nos lo han facilitado.
Depositamos el fruto de nuestras reflexiones ante la figura de nuestro Fundador, pidiéndole su bendición y comprometiéndonos a ofrecer a nuestros Hermanos el testimonio de la fraternidad vivida durante estos días. Reafirmemos que necesitamos compartir nuestro carisma para poder llegar mejor a los que nos necesitan y hagamos un pequeño esfuerzo para fortalecer con nueva fuerza la memoria de nuestros orígenes.
El mundo espera de nosotros que seamos hombres de Dios llamados en nuestro estado de vida:
Lo que se espera de nosotros es que nuestro modo de vivir anuncie que somos signos de otra sociedad. Hoy día los discursos van perdiendo eficacia porque los mejor acomodados hablan de la opción por los pobres; los depredadores de la naturaleza hacen profesión de ecología y los menos solidarios hablan de alianzas planetarias. Lo que se espera de nosotros es coherencia entre el mensaje y la vida, es decir, testigos de Jesús resucitado.
Queridos Hermanos y Hermanas, hemos recibido un gran tesoro al ser llamados a ser miembros de la familia Safa. Acojámoslo en nuestras manos y hagámoslo atractivo con nuestro testimonio de vida y no olvidemos que este don que se nos ha confiado es al mismo tiempo una responsabilidad.
Agradezco, una vez más, la colaboración de cuantos os habéis responsabilizado de alguna tarea a lo largo de estos días: ponentes, Centro de Espiritualidad y Hermano responsable de las Fraternidades. Subrayo también la ayuda y colaboración de la Comunidad de Valladolid que nos ha acogido y la de todos por vuestra paciente y generosa comprensión.
Que mirando a Nazaret aprendamos el valor de la sencillez y de la acogida, actitudes centrales de nuestra espiritualidad y que en la en la oración, en el trabajo y en el amor encontremos la paz para nosotros y para nuestras Comunidades. Con el Hermano Gabriel, hombre de corazón generoso, miremos al mundo con los ojos de la fe y que en ese mirada nos encontremos con tantos niños y jóvenes que en nuestras labores apostólicas esperan nuestras palabras de aliento.
Levantemos el corazón y los ánimos, seamos hombres y mujeres de esperanza y demos gracias a Dios por habernos dado tantos Hermanos y todos ellos con más virtudes que defectos. Seguidamente celebraremos la Eucaristía. Que el Cuerpo del Señor nos eleve a la comunión con El y con nuestros Hermanos. Con estas palabras damos por clausurado el Segundo encuentro Internacional de Fraternidades Nazarenas. Feliz regreso a todos. Muchas gracias.
H. Juan Andrés Martos Moro SG
Valladolid 22-07-2009